El Feslalí 2026, que se celebra del 1 al 22 de febrero en Alcalalí, cumple su décima edición con un giro significativo en su planteamiento. El festival, históricamente ligado a la floración del almendro, sitúa este año a la algarroba como eje central de su programación, reflejando los profundos cambios que ha vivido la agricultura de la Marina Alta en la última década.
La transformación responde, en gran medida, al impacto de la Xylella fastidiosa, una plaga detectada en la comarca en 2017 que obligó a la eliminación masiva de almendros y alteró de forma drástica el paisaje agrario tradicional. Según ha explicado el técnico medioambiental Agustí Espí en el espacio A Peu de Bancal de Hoy por Hoy Dénia Marina Alta, las medidas de erradicación aplicadas fueron “muy agresivas” y supusieron la pérdida de uno de los símbolos paisajísticos del interior de la comarca.
En este contexto, el algarrobo ha emergido como una alternativa sólida. Se trata de un árbol autóctono del Mediterráneo, resistente a la sequía, bien adaptado al cambio climático y con una viabilidad económica contrastada. Estudios técnicos apuntan que, pese a las oscilaciones del mercado, el cultivo del algarrobo ofrece una rentabilidad suficiente a medio y largo plazo, con múltiples salidas comerciales tanto para consumo humano —harinas, espesantes naturales, repostería— como para alimentación animal.
El Feslalí ha sabido integrar esta transición agrícola en un modelo de festival que combina divulgación, cultura y dinamización social. A lo largo de febrero, Alcalalí acoge actividades para todos los públicos: rutas y senderismo por la Vall de Pop, talleres tradicionales, concursos de pintura y fotografía, propuestas gastronómicas basadas en la algarroba, música en la plaza y espectáculos familiares.
Desde el ámbito técnico se reconoce que han existido ayudas para la reconversión de cultivos, aunque se reclama un mayor acompañamiento institucional, especialmente para facilitar maquinaria adaptada al minifundismo y a los bancales característicos de la Marina Alta.
Para Agustí Espí, la apuesta de Alcalalí “es acertada y puede servir de ejemplo a otros municipios”, ya que el algarrobo “es un cultivo nuestro, fácil de trabajar y con futuro”. Una idea que resume el espíritu de esta décima edición del Feslalí: explicar el cambio de ciclo del territorio y convertirlo en una oportunidad para el desarrollo rural.

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