Dénia ha acogido este martes un debate de fondo sobre el estado de la democracia y los derechos humanos en un contexto marcado por la polarización política y el avance de los discursos extremistas. El encargado de abrir esa reflexión ha sido Baltasar Garzón, que participó en la capital de la Marina Alta en el ciclo “Memòria i futur” junto a la catedrática Ángeles Solanes, ante un Centro Social completamente lleno.
El exmagistrado trazó un diagnóstico crítico sobre el momento político actual y alertó de un progresivo desgaste de las garantías democráticas. En ese análisis incluyó una defensa cerrada de la igualdad ante la ley y una crítica directa a los aforamientos, que, según sostuvo, han dejado de entenderse como una herramienta de protección institucional para convertirse en un elemento que dificulta determinadas investigaciones judiciales.
En ese contexto, Garzón se refirió a la decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana de no asumir la investigación sobre el president de la Generalitat, Carlos Mazón, por la gestión de la DANA. El jurista consideró que esa decisión limita el recorrido de la causa que instruye el juzgado de Catarroja y mostró abiertamente su desacuerdo con el criterio adoptado por el alto tribunal valenciano.
Buena parte de su intervención giró también alrededor del auge de la ultraderecha y del uso político de cuestiones vinculadas a la inmigración o los derechos sociales. Garzón mostró su preocupación por el crecimiento electoral de Vox en provincias como Almería y advirtió de la contradicción que supone endurecer el discurso contra la inmigración en territorios cuya economía depende, precisamente, de la mano de obra extranjera. A su juicio, determinados planteamientos políticos están contribuyendo a normalizar mensajes que cuestionan principios básicos de igualdad y convivencia.
La sesión celebrada en Dénia tuvo además una fuerte carga vinculada a la memoria histórica. Garzón reivindicó la necesidad de mantener viva la reparación a las víctimas de las dictaduras y recordó uno de los episodios que más conexión guarda con la Marina Alta dentro de la causa internacional contra Augusto Pinochet: la desaparición del sacerdote de Xàbia Antoni Llidó durante la dictadura chilena.
El exmagistrado recordó el impacto que tuvo el caso de Llidó en Chile y lamentó que décadas después vuelvan a aparecer discursos que reivindican figuras o etapas ligadas a regímenes autoritarios. Un mensaje que enlazó directamente con la necesidad, dijo, de reforzar la memoria democrática como herramienta para evitar retrocesos en derechos y libertades.
La intervención de Garzón convirtió por unas horas a Dénia en epicentro de un debate que fue mucho más allá de la actualidad judicial y que puso sobre la mesa cuestiones como la calidad democrática, el papel de las instituciones y el futuro de los derechos humanos.

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