El kayak de mar en Dénia tiene nombres propios. Dos de ellos son Nino Van der Zeeuw y Raquel Orduñez, deportistas del Real Club Náutico Dénia que atraviesan un gran momento competitivo, pero que también representan algo más profundo: la capacidad del deporte para enganchar, transformar rutinas y crear comunidad alrededor del mar.
Nino llegó al kayak casi por casualidad. Empezó probando cursos de verano en el Náutico, primero en vela, hasta que vio a otros jóvenes paleando y sintió que aquello era lo suyo. Probó una semana, repitió curso tras curso y acabó entrando en la escuela y después en el equipo. Hoy, con apenas 16 años, ya es una de las jóvenes promesas del club, subcampeón de España júnior y con plaza para competir en el Europeo de Brest, en Francia.
Raquel, en cambio, se acercó a este deporte a través de sus hijos. Primero los acompañaba a las competiciones y, casi sin esperarlo, terminó subiéndose también a una piragua. La idea nació entre madres que seguían a sus hijos por toda España y que se preguntaron por qué no probar ellas también. Tres años y medio después, el kayak se ha convertido para ella en una vía de escape, en un momento propio dentro del día y en una afición que comparte con su familia.
Ambos coinciden en que detrás de cada medalla hay una parte invisible que no siempre se ve: entrenamientos, constancia y mucho sacrificio. Nino entrena prácticamente seis días a la semana y reconoce que organiza su vida alrededor de la piragua, sin descuidar los estudios. Raquel, por su parte, adapta los entrenamientos a sus responsabilidades, pero tiene claro que para competir y disfrutar con garantías hay que ser constante.
El mar es otro de los grandes protagonistas de sus historias. Raquel reconoce que al principio le tenía miedo, hasta el punto de vivir momentos de ansiedad cuando caía al agua. Con el tiempo, el apoyo del equipo y los consejos de los entrenadores, ese miedo se ha convertido en respeto. Nino lo resume con claridad: al mar siempre hay que tenerle respeto, porque aunque sea bonito, también puede cambiar en cualquier momento.
Más allá de los resultados, los dos destacan el papel del Real Club Náutico Dénia como una segunda casa. Para Nino, el club ha sido el lugar en el que ha crecido deportivamente desde pequeño; para Raquel, una familia en la que conviven edades distintas, se comparten consejos y se vive un ambiente sano. Dos generaciones diferentes, una misma pasión y una imagen que resume bien su historia: la del mar como escuela, como refugio y como punto de partida para seguir llevando el nombre de Dénia a competiciones nacionales e internacionales.

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