La algarroba lleva décadas formando parte del paisaje de la Marina Alta. Está en los márgenes de los caminos, en campos que muchas familias conocen desde hace generaciones y en la memoria de quienes todavía la recuerdan como alimento para los animales o como el llamado “chocolate de los pobres”. Desde El Poble Nou de Benitatxell, Jaume Mora Pedrós quiere romper con esa imagen y demostrar que este fruto puede tener una nueva vida en nuestras cocinas.
Lo hace a través de La Penya, un proyecto que combina gastronomía, investigación y territorio. En el Riurau Campedrós, convertido en espacio de experimentación y degustación, trabaja con elaboraciones que buscan sorprender al paladar. Entre ellas, dos salsas saladas de algarroba: una con ajo negro fermentado y otra con tomate seco, pensadas para acompañar carnes, pescados, verduras, pasta, legumbres o incluso ensaladas.
La primera reacción de quien las prueba suele ser de sorpresa. “El primer instante es de pausa”, explica Mora Pedrós. Son sabores nuevos, difíciles de comparar con algo conocido, y quizá por eso necesitan un segundo bocado. Después llega la curiosidad y, en muchos casos, las ganas de seguir probando. Una experiencia que resume con una frase que ya utiliza uno de sus conocidos: “adictiva sin aditivos”.
La Penya tiene más de 200 productos en fase de desarrollo. Algunos, como las salsas y las cremas untables, ya están en el mercado. Otros, como la kombucha, los elixires o un curry de algarroba, esperan su momento. Mora Pedrós insiste en que no pretende presentar este fruto como un sustituto del cacao, sino como un ingrediente con personalidad propia, versátil y con valor nutricional.
Pero el proyecto no se queda solo en la mesa. La ambición es que la algarroba también pueda volver a tener valor en el campo. El objetivo es contribuir a que los agricultores reciban un precio más justo y estable por el producto, cercano a 1,50 euros por kilo, una cifra que, según los cálculos del proyecto, permitiría hacer más viable su cultivo y evitar que muchas explotaciones sigan trabajando por debajo del umbral de rentabilidad.
Mora Pedrós imagina una Marina Alta menos dependiente del turismo, los servicios y la construcción, donde el campo, la innovación y la industria agroalimentaria también generen oportunidades. Su reto es que dentro de diez años la algarroba esté presente con normalidad en las mesas, pero también que haya ayudado a recuperar terrenos, crear empleo y devolver orgullo a un producto que siempre estuvo ahí, aunque durante mucho tiempo casi nadie lo mirara.

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