Javier Cardona Ferrer todavía saborea la emoción de escuchar su nombre como ganador del concurso de la «millor tomaca de la Marina». El agricultor de Benissa se impuso entre 28 participantes con un tomate Rosa de Altea cultivado en secano en la partida de Benimallunt. «Fue una emoción muy grande», recuerda Cardona, que recibió la noticia acompañado por su familia y después de haber conseguido el segundo puesto en la edición anterior.
El tomate premiado es de tamaño medio y se reconoce por una aureola verde situada en la parte superior que va desapareciendo conforme madura. Según explica su productor, al principio presenta un punto más ácido, pero después se convierte en un tomate suave, neutro e incluso dulce. Su cultivo en secano también ayuda a concentrar el sabor, la textura y la intensidad de una pieza que debe recogerse completamente madura para mostrar todas sus cualidades.
Llegar a tiempo al concurso no era sencillo. La Rosa de Altea es una variedad tardía y en años anteriores sus tomates no habían alcanzado el punto adecuado en la fecha del certamen. Cardona pensaba que el retraso podía deberse a la altitud de su huerto, por lo que esta temporada decidió plantar dos semanas antes. El experimento funcionó y confirmó una de las enseñanzas que le ha dejado la agricultura: «Al final hay que probarlo todo».
Su relación con la tierra comenzó hace alrededor de 24 años, cuando su mujer heredó la parcela familiar y ambos construyeron allí su casa. Desde entonces, Cardona conserva las semillas de sus propios tomates, prepara el plantel, aporta estiércol y trabaja la tierra respetando cada momento del calendario. Para él, una de las mayores dificultades de la huerta es precisamente hacer cada tarea a tiempo, porque de esa preparación depende que la planta crezca después con rapidez y fuerza.
Cardona considera que la maduración es la principal diferencia entre su tomate y muchos de los que llegan al mercado. Los productos destinados a la venta deben recogerse más verdes para soportar el transporte, mientras que él puede dejarlos en la mata hasta que alcanzan su mejor momento. Su consejo para disfrutarlos es sencillo: comerlos maduros y pelados. El próximo año intentará revalidar el premio con un tomate que define como «cerrado», con muy pocas semillas y prácticamente todo carne: «Cuando lo muerdes es brutal».

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