La Gourmet Race no consiste simplemente en preparar un plato dentro de un barco. Durante una hora y cincuenta minutos, las tripulaciones deben navegar por la bahía de Moraira, pasar por distintas boyas dentro de los tiempos establecidos y, al mismo tiempo, trabajar desde cero el producto protagonista. Este año recibirán una lubina entera, que deberán limpiar, escamar, preparar y cocinar a bordo antes de regresar al puerto para realizar el emplatado final ante el público. Todo ello en cocinas reducidas, muchas veces con pequeños fogones o camping gas y pendientes además del estado de la mar.
El director del Club Náutico Moraira, Andrés Rivero, asegura que precisamente esas condiciones terminan igualando mucho la competición. El tamaño de la embarcación puede facilitar el trabajo, pero no garantiza el resultado: a lo largo de las trece ediciones, barcos pequeños han conseguido subir al podio gracias a la idea y a la ejecución del plato. El nivel alcanzado es tal que, según explica, han participado cocineros profesionales que no han conseguido clasificarse entre los mejores, superados por aficionados capaces de ofrecer propuestas de enorme nivel en plena navegación.
Ese crecimiento culinario obligó incluso a modificar una de las tradiciones de la prueba. En las primeras ediciones, el ingrediente principal se revelaba apenas un día antes para mantener el efecto sorpresa. Ahora se anuncia al inicio de la semana porque las tripulaciones aprovechan esos días para quedar, ensayar recetas, probar salsas y técnicas de cocción y descartar ideas antes de enfrentarse al reto definitivo en el mar. “Prueban esto, les sale mal, prueban lo otro, al horno, a la plancha…”, relata Rivero, que recuerda también que la propia estructura técnica de la regata apenas ha cambiado desde su nacimiento porque considera que el formato original funcionó desde el principio.
Lo que sí ha crecido es todo lo que rodea a la prueba. Rivero recuerda que la Gourmet Race surgió hace alrededor de quince años dentro de una colaboración público-privada entre Ayuntamiento, empresarios y asociaciones con un objetivo claro: atraer actividad a Moraira cuando termina la temporada alta. Celebrarla en octubre permite generar movimiento antes del puente, ocupar alojamientos y reforzar la imagen gastronómica del municipio. A ello se suma hoy un Village abierto al público, con degustaciones y actividades, y la presentación de Sabors de Moraira, un recetario que recupera platos tradicionales transmitidos por vecinos de toda la vida para evitar que esa memoria culinaria se pierda.

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